La clave no está en los wearables, sino en el análisis de los datos

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Según apuntan los diferentes expertos en tecnología e innovación, este 2015 debe ser el año de consolidación de los wearables, los dispositivos portátiles que utilizamos como pulseras, relojes, cinturones o gafas y que cuantifican diferentes actividades que hacemos de manera rutinaria, desde los pasos que realizamos durante el día o la calidad de nuestro sueño.

Desde Campus Sanofi estamos analizando de manera continua el uso de wearables, y remitiéndonos a una publicación que hicimos sobre “El futuro de la e-salud pasa por los wearables y el big data”, la tecnología ha ayudado a mejorar la calidad de vida de las personas, pero también es importante saber gestionar eficazmente los datos que extraemos de estos dispositivos, y más cuando hablamos de salud, para interpretar correctamente la información que nos transmiten.

Información de valor para el usuario y los profesionales de la salud

Mejorar y fortalecer la conexión entre las personas y su salud es, quizás,el reto más emocionante cuando nos centramos en las posibilidades de desarrollo de esta tecnología portátil. Los dispositivos de seguimiento de la actividad y los relojes que monitorizan la frecuencia cardíaca, a día de hoy, pueden parecer simples en comparación con lo que los proveedores de dispositivos y proveedores de servicios están desarrollando actualmente.

Por ejemplo, a través de una mejor capacidad de bio-sensores y procesadores, dispositivos emergentes serán capaces de ayudar a los consumidores a optimizar el bienestar a través de una mejor comprensión de los patrones fisiológicos (tensión, ansiedad…). En este sentido, vemos que la tecnología ofrece herramientas para conocer mejor el cuerpo y sus reacciones. Pero, ¿estamos preparados para interpretar esta información y actuar en consecuencia?

Orientación

Las posibilidades de recogida de datos y la información que disponemos cuando usamos estos dispositivos, sea a través de las propias pantallas o mediante consulta de dashboards o paneles informativos a posteriori, como vemos son ilimitadas. Así, nos podemos encontrar con usuarios que dispondrían de los datos, pero que les faltaría el contexto o conocimiento adecuado –sobre todo si nos centramos en el ámbito de la salud- para interpretarlos. “Todos estos wearables proporcionan una cantidad ingente de datos, el Big Data, que permiten proporcionar un diagnóstico más precoz y preciso y una medicina mucho más personalizada”, apuntaba en su día Carlos Mateos, coordinador del I Congreso Nacional de Wearables y Big Data en Salud, celebrado en Madrid el pasado noviembre.  La figura de un coach o profesional cualificado que oriente y asesore al usuario o paciente en la lectura de estos datos, puede ayudar a estos nuevos usuarios a mejorar su calidad de vida.

Próximos pasos

Camisetas de ciclista de licra con electrodos en las mangas para calcular y registrar pulsaciones, camisetas para monitorizar las señales vitales de los conductores de autobuses o camiones o calcetines que avisan a un deportista que está llegando a su límite antes de que se agote. Todo indica que tarde o temprano conviviremos de manera natural con esta tecnología. Y, analizadas las cuestiones éticas –relacionadas con la privacidad- y superadas las cuestiones técnicas –calidad de los sensores, materiales…- tocará analizar cómo mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes. Y tú, ¿a qué dispositivo le ves con más posibilidades de consolidarse en el campo de la salud y por qué?

 

Crédito imagen: http://bit.ly/1FEav1k

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