Marca personal y reputación on-line

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¿Qué es la reputación online?

La reputación online (o Karma en los foros) es el reflejo del prestigio o estima de una persona o marca en Internet. A diferencia de la marca, que se puede generar a través de medios publicitarios, la reputación no está bajo el control absoluto del sujeto o la organización, sino que la ‘fabrican’ también el resto de personas cuando conversan y aportan sus opiniones. Esto es especialmente importante en Internet, donde resulta muy fácil y barato verter información y opiniones a través de mecanismos como foros, blogs o redes sociales. Por otro lado, la identidad digital  se genera cuando se participa en la web, creando perfiles en diferentes redes sociales, generando contenido, y sobre todo, interactuando con otras personas.

A nivel médico, la reputación online depende en gran medida de tu propia reputación en la vida real. No obstante, es posible incrementarla positivamente en las comunidades científicas relacionadas con la especialidad, colaborando y respondiendo a dudas de colegas o incluso pacientes. Pero es importante no perder de vista que, en algunas ocasiones, esta reputación puede ser modificada por las opiniones del resto de actores que conforman el sistema sanitario, tanto pacientes como colegas. La reputación digital se debe trabajar de la misma manera que lo hacemos en nuestra vida no virtual, teniendo en cuenta además que todo lo que hacemos online puede quedar registrado, incluso aunque lo borremos posteriormente. Por ello resulta imprescindible que ofrezcamos una imagen en Internet que se alinee a quiénes somos realmente.

¿Por qué es importante?  ¿Os habéis buscado alguna vez en Google?

Cada vez más los pacientes (y nuestros colegas) buscan en Internet las referencias de los profesionales de la medicina. Por este motivo debemos vigilar la información que compartimos en la red y tratar de controlarla. Lo primero que tenemos que decidir es si los datos que compartimos en Internet serán sólo profesionales, sólo personales o de ambos aspectos. Quizás lo más recomendable es que la información personal esté restringida y la profesional sea pública. Sin embargo, existen distintas opiniones al respecto. Por ejemplo, un cardiólogo que a nivel médico aconseje el ejercicio físico en las redes profesionales, quizás considere adecuado que en la parte personal de su identidad digital pueda subir fotos de él mismo haciendo deporte, ya que supondría ofrecer una imagen coherente con su actividad.

Para conocer que información se está compartiendo sobre nosotros sería muy importante buscarse en Google. Con este simple ejercicio te darás cuenta de si la información que estás compartiendo es la que quieres, o si por el contrario hay otras cosas que no te gustaría que aparecieran. Nunca es tarde para retirarlas… si dependen de ti. Si quieres mantenerte al corriente de lo que se publica sobre ti, te recomiendo Google Alerts, una herramienta que te informa de cuándo se ha producido una búsqueda de las palabras que tú elijas. Por ejemplo, tu nombre o tu nombre+especialidad+localidad, etc. En la segunda parte del curso “Construir mi identidad digital en Internet encontrarás una cápsula que te enseña cómo usar Google Alerts.

Ya sabemos qué es la reputación online. ¿Podemos incrementar nuestra presencia en la red?

Lo primero que tendremos que plantearnos es si queremos estimular nuestra presencia en la red (por ejemplo, apareciendo en los primeros puestos de los buscadores). Existen ejemplos de cardiólogos que, a pesar de tener un nombre en la comunidad científica convencional, han realizado esfuerzos para ‘autoincrementar‘ (a veces con financiación) su presencia en la red. Este es el caso de Eric Topol (muy conocido ya por su ‘Tratado de Medicina Cardiovascular’), pero que a través de la plataforma theheart.org, ha creado su propio blog (topoblog) y una cuenta de Twitter muy prolífica (@EricTopol) que ha alcanzado más de 27.000 seguidores. Sin embargo, otros cardiólogos de conocido prestigio (Valentín Fuster o Eugene Braunwald) han optado por no ‘trabajar’ ese aspecto sin que merme un ápice su acreditada marca personal como profesional.

Por otro lado, hay médicos que si bien no eran conocidos en la comunidad científica convencional, han incrementado su prestigio online (y por tanto en su profesión), gracias a las redes sociales. Un buen ejemplo es el de Salvador Casado (@doctorcasado en Twitter), un ‘early adopter’ de las redes sociales en su práctica clínica, bloguero de éxito y firma habitual de la versión española del Huffington Post. O el de Julio Mayol  (@juliomayol en Twitter)  con más de 7.500 seguidores y más de 58.000 tuits, uno de los médicos españoles que ha alcanzado más prestigio gracias a su labor en Interntet .

Otro caso que me gustaría  mencionar es el de mi compañero cardiólogo Rafael Vidal, quien también participa en este curso de Cardiología y el próximo mes escribirá el artículo de En Primera Persona”, quien ha cubierto informativamente el reciente ESC Congress a través de un videoblog y ha ido realizando comentarios en Twitter.  Esta actividad mantenida durante cinco frenéticos días le ha permitido colarse en el ranking de Tops Influencers del Congreso (Figura 1), incrementando su número de followers y el índice de influencia Klout (web reconocida que aplica un score numérico, según la influencia basada en los últimos 90 días).

Campus Sanofi
Figura 1

Personalmente, debo deciros que utilizo Twitter sobre todo a nivel profesional, ya que sigo a gente que aporta información interesante sobre mi especialidad y que me encargo luego de difundir o retuitear, además de crear información propia siempre que puedo. Por otro lado, también me parece relevante en este sentido la red profesional LinkedIn, ya que me permite difundir en un círculo próximo a mis intereses, el historial laboral y las aptitudes que he ido acumulando. Por último, otra red social que le saco mucho partido es Researchgate, donde se comparten los curriculums de publicaciones de los usuarios, así como los artículos que cada uno ha publicado.

Las redes como Facebook las considero más personales, o de posible relación con el paciente, aunque este último aspecto lo considero un tanto peliagudo. Un  estudio recientemente publicado en British Medical Journal investigó 237 cuentas pertenecientes a médicos y estudiantes de medicina, observándose posibles violaciones de la privacidad del paciente y otras violaciones de la ética médica. Estos hallazgos subrayan la importancia de que todos los profesionales de la medicina vigilen con extremo cuidado su presencia profesional en las redes sociales para evitar este tipo de problemas.

Finalmente, para integrar toda la información de las distintas redes sociales a las que estamos suscritos, al margen de los hilos RSS de las páginas que más visitamos, os recomiendo la herramienta Netvibes, que permite ver el contenido actualizado de todas las redes sociales a las que estas suscrito de un solo vistazo y con un solo un nombre de usuario y contraseña.

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